Se manifiesta imperiosa la necesidad de mayor amplitud y transparencia en el ejercicio del poder. No valen ni los doctrinarismos ni los engreimientos políticos de izquierda o de derecha cuando se tiene el pueblo de frente. Por un lado se deshace la economía nacional con planificaciones, por el otro con el mercado. La verdad es siempre recta, cristalina y responsable.  

Las acusaciones de no colaborar con "el sistema", repetidas por los gobernantes, son válvulas de evasión que surgen de la intransigencia y miedo de los que tratan de ocultar su falta de responsabilidad e incapacidad de brindar garantías democráticas al pueblo.  

La descripción de que Bolivia es muy variada, y que el gobierno es el pastor que se encarga de reunir las ovejas multiétnicas descarriadas, es una evasión  a la responsabilidad política y social. Bolivia es mayoritariamente indígena, y los esfuerzos de dividir para conquistar son para los oídos torpes y fríos que fácilmente escuchan lo absurdo y conveniente. Las ultimas elecciones nos demuestran que Bolivia esta constituida de una minoría que gobierna con miedo e incertidumbre, y una mayoría que empieza a conocerse a sí misma.  

En los años 80, la lucha contra la hiperinflación no fue obstáculo ni reto imposible de vencer, pero hoy en día la lucha contra la ‘hipercorrupción’ intimida y debilita sobretodo cuando ésta se convierte en pulga acompañante. Los gobernantes no atacan la corrupción porque no quieren quedarse sin socios, amigos, parientes, ni siquiera sin sí mismos.  

Para los gobernantes, la corrupción se vuelve como una tarea imposible, que siempre es la culpa de otros. Incluso empezamos a oír de los gobernantes que es la culpa del pueblo que se deja robar.  

La filosofía de los gobernantes nos dice que los encargados de la lucha contra la corrupción fueron elegidos por no ser políticos- es decir –por no ser corruptos como ellos. Sin embargo los no-políticos, sobre todo los de altos cargos de gobierno, rápidamente se politizan, es decir se corrompen. Subsecuentemente, los nuevos corruptos y politizados delegan a otros no-políticos su utópica responsabilidad. De allí en adelante quedan dos alternativas, ninguna de las cuales resuelve nada: o se procede a la politización y corrupción de los nuevos lacayos de Pilatos, o se procede al espectáculo desagradable de verlos rebelarse en resumisión y rebeldía escandalosa.   

En Bolivia los gobiernos son rápidos para erradicar la coca del campo, pero lentos para erradicar las fortunas ilícitamente adquiridas; rápidos para intimidar al pueblo, pero lentos para conceder garantías y salvoconductos sociales; rápidos para acusar, lentos para aceptar; rápidos para efectuar depósitos bancarios en efectivo, pero lentos para pagar y aumentar sueldos; rápidos para salir del país, lentos para comparecer ante la justicia.   

Muchas veces los gobernantes se rodean de colaboradores fieles, inteligentes, capaces y solidamente patrióticos; otras los subalternos son sumisamente sonrientes, astutos en sus conveniencias, cómodamente capaces e invariablemente egoístas. Depende del líder máximo usar de juicio y criterio para elegir de quien rodearse, pero muchas veces la vanagloria de los menos es el estupefaciente de los débiles.   

Los políticos sonríen mucho y mienten seriamente.   

Mas vale el subalterno más bajo pero honrado que el mas alto gobernante poco corrupto.  

Cuando más grande el acto de corrupción, más grande el látigo y más chica la celda.  

Jaime Otero-Zuazo