La prensa babeante y el oficialismo caduco esperaban que el realce nacional e internacional del alzamiento de junio sería plaga pasajera. No solo se mantiene firme la lucha por la consecuencia política de las mayorías nacionales, sino que se evidencia apoyo y entendimiento mundial por su causa.  

Los políticos están acostumbrados a adaptarse y ser absorbidos por el estatismo pueril del que pocos pueden escapar — primero porque se envician con los sobresueldos y coimas, y segundo porque se embelesen con su nueva condición social. Pero la historia guarda ejemplos de hombres y mujeres que no desviaron ni un ápice de sus principios y sus compromisos representativos y actuaron en las páginas de la historia como lo que eran, representantes leales de los intereses del pueblo que les eligió y les confió. Ellos escogieron ser consecuente con su compromiso de lucha contra la injusticia del status quo imperante. 

La lucha democrática contra las oligarquías estáticas requiere contundencia leonina, como lo demostrara, hace más de 100 años, el traspaso de la sede del gobierno a La Paz desde las envanecidas y racistas fauces del Congreso Legislativo de Sucre. Hoy en día, la expectativa de que los actuales representantes parlamentarios ante el congreso semi-nacional se mantengan firmes en su deber de defender a las mayorías nacionales es esperanza de débiles y apócrifos. Los llamados padres de la patria bajan la cabeza y cuelgan las luchas de reivindicación en el perchero parlamentario, pensando que la diestra fue creada para extenderla a la corrupción, y no para golpear airadamente el curul parlamentario en justa protesta.  

La ausencia de visión política de los protagonistas del poder, sobretodo en los pasados 20 años de vida seudo-democrática, ha llevado a crear un mundo de fantasía en la tierra de bronce. Se ha pretendido ejecutar medidas económicas que solo se aplican para favorecer a un mínimo sector oligárquico adinerado, sin ninguna justificación real y menos económica. La falta de entendimiento profesional de lo que es el proceso del desarrollo humano, basado en la evolución de la ciencia, la tecnología, la cultura y la política limpia de doctrinarismos, ha desligado a los gobiernos recientes de la capacidad de gobernar. Como consecuencia, el estado se ha adulterado e incapacitado. La política ortodoxa del colonialismo doctrinario pretenden darle brillo a sus ilusiones de revivir viejas oligarquías, prometiéndose a diario conocer el camino al paraíso terrenal sin llegar a concretar siquiera el mínimo de resultados a favor de las mayorías nacionales, y perjudicando de paso a la iniciativa privada que alza negocios con el sudor de la frente. Además, y lo que es peor, endeudan al país pretendiendo emular modelos existentes tan solo en la mente de algún presidente desvinculado del profesionalismo económico-social y más bien acostumbrado al mundo de trucos, artificios y plagios que desprestigian a la empresa y a la academia. Conducir un país hacia un mejor futuro, algo que no ha venido sucediendo para el 80% de los bolivianos desde el advenimiento de la conquista ibérica, demanda sentir y vivir la realidad sombría de la tierra del Qollasuyu, y luego erguirse con la frente en alto y ampliando el pecho de aire andino emitir el esperado, definitivo, y verídico grito de libertad boliviano.  

Jaime Otero-Zuazo 

http://bolivia.indymedia.org/es/2005/06/18830.shtml

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