Entendamos que tras el levantamiento de 2003 no se formuló una plataforma de acción revolucionaria coherente, como resultado de la ausencia de líneas ideológicas y pragmáticas en común, al igual que el vacío existente de liderazgo político nacional que se haya encapsulado en un partido o en un líder- como sucedió en 1952. Esto comprueba que la política en Bolivia está rezagada en relación al pueblo. Evo Morales llega a ser la única alternativa nacional desde entonces, a pesar de las inconsecuencias ya conocidas, que provienen de la inexperiencia política del M.A.S. a nivel nacional.  

Dado el fracaso político del débil gobierno actual, que optó por la utopía del "independismo político" para luego girar como trompo de izquierda a derecha en cruel, vertiginoso y cómico desenlace. La estrategia de “garrapata” escogida por el gobierno trasformó la política de estado en tragicomedia nacional e internacional. A aquellos que se preocupan por la imagen de Bolivia en el exterior, este espectáculo de ineficiencia y desentono político es la que ha causado mayor confusión, como lo atestiguan los correos diplomáticos de las embajadas exteriores en La Paz, al igual que la prensa externa- si de verdad se la lee.  

Después del rotundo alzamiento popular último, las elecciones adelantadas se perfilan como la solución salomónica, que permitirá dos importantes iniciativas políticas. Primero consolidar la plataforma política nacional del movimiento popular hoy  instituido. Y, segundo, permitir la estabilidad del próximo gobierno que tendrá como principal labor la refundación de la república al servicio de las mayorías nacionales, como lo dicta la democracia y las expectativas civilizadas. A continuaci’on, anticipémonos a las próximas elecciones bajo una visión constructiva y progresista de beneficio mayoritario.  

En un ejercicio no muy original, cientos de comentaristas se entregarán diariamente  a opinar sobre cada detalle de la política nacional, en estas elecciones nacionales esperadas.  Se opinará en la radio, en la televisión, en los periódicos y en Internet. Surgirá de los órganos de prensa un sinfín de glosas sobre los candidatos, generalmente relacionados al último chisme, escándalo o “metida de pata”.  Por un lado se comentará con irresponsabilidad y sin fundamento. Por el otro, y rara vez, se opinará con magnifica probidad. De todos modos, las desligadas voces del pueblo no llegarán a la prensa, y serán reprimidas en la tradicional neblina de silencio sutil en la que muchos optan por envolverse cómodamente. 

Acostumbrados a leer cínicos comentarios, que nos ahogan en pesares y pesimismo sobre las posibilidades de nuestro futuro como nación, despreciamos nuestros básicos instintos de armonía, decencia y corrección.  A pesar de tener sentimientos profundos en contra de la corrupción y el mal manejo burocrático, toleramos a líderes carismáticos y convincentes. Empero de nuestro desapruebo del abuso y prepotencia del gobierno, añoramos en el poder una mano amplia y dura. Contrariamente a nuestro repudio al paternalismo y exclusivismo partidario, escogemos el mando del inexperto y demagogo. Nuestra desconfianza y  letargo son incentivos para subyugarnos al enemigo de nuestros principios, buscando la negación de nuestro ser, el bloqueo mental a nuestras aspiraciones sanas, y el remiendo en vez de la cura. 

Los próximos comicios electorales en Bolivia empezarán por ser un curso completo de civismo. Primeramente se demandará orden civil, responsabilidad y buena conducta de parte de los candidatos – incluso dentro de los mismos partidos con varios candidatos en contienda. Todos sabemos que no solo es ilusorio esperar tal comportamiento civilizado de un político, sino que es hasta contraproducente porque de lo contrario no nos enteraríamos de la corrupción e ineficiencia tanto del oficialismo como de la oposición. En última instancia, son los electores informados los que más se benefician por el debate político. En resumen, como dice el refrán, votaremos por lo que merecemos.  

Pero salgamos del círculo vicioso de la opinión política como se ha conocido hasta ahora y veamos la política nacional de un ángulo nuevo y sensible, diferente al que usa la prensa establecida y los políticos profesionales, y sigamos nuestros mejores instintos sociales adquiridos bajo la tutela de la familia y la formación pedagógica y religiosa.  

¿Por quién votaremos? Votemos por el que entiende fervientemente, en sus discursos y entrevistas, la desdicha de los nuestros y de nuestra realidad; por el que sienta la pasión por el bien y se exprese como un hombre de principios morales; por el que se demuestre capaz de resolver los problemas sociales y económicos con flexibilidad objetiva, repudiando el doctrinarismo político; por el que siente genuina compasión por el marginado e incomprendido hermano nuestro, y que eleve su voz de protesta a favor de los que la necesitan. Votemos por el que posea la autoridad y fortaleza que emanan de la disciplina y el orden personal adquiridos en la familia, la escuela y la iglesia;  por el que entienda el respeto que se debe a los que defienden la democracia y la patria. Votemos por el que vele por nosotros con magnanimidad y una profunda seguridad de mando, pensando en el bien de la patria por sobre sus propios intereses políticos y personales. Votemos por la persona más representativa del pueblo, con todos sus atributos culturales correspondientes; por la persona que es amiga leal y  entrañable con la que podamos compartir la historia de los próximos cinco años. Votemos por el hombre correcto y trabajador, que ha logrado ubicarse por sus esfuerzos en una posición que le destaca y nos enorgullece.  

El anhelado candidato que una las diferencias sociales con claridad de liderazgo y buen criterio político será la persona que todos esperamos. Pero hay más: lo que se plantea ante nosotros es una enorme responsabilidad que requiere más recursos que los que ofrece un ser representativo en el gobierno, como ser el presidente. El reto que se perfila claro, si lo queremos ver,  es la solución de la gran temática nacional de hoy: el desconcierto social de nuestra patria. Así, el presidente electo también deberá poseer otras cualidades críticamente importantes para la exitosa conducción de los asuntos patrios. Él deberá poseer la habilidad de consolidar un equipo de hombres capaces, sólidos, honestos, humildes y dispuestos a sacrificarse en aras del servicio público. Deberá tener la habilidad de motivar en los ciudadanos los mejores sentimientos de esperanza y fe en un destino común. Deberá entender las necesidades competitivas del desarrollo económico, y la conducción política hacia un ajuste social equitativo con el propósito primordial de que los individuos y las microempresas puedan forjar un futuro económico desligados de obstáculos y fricciones burocráticos.  

Las áreas de la educación y la salud deberán conformar esencial parte del programa gubernamental; al igual que el manejo transparente de los fondos de pensión. La estrategia internacional de paz, armonía y entendimiento en términos reales y patrióticos, y no tan sólo simbólicos, deberá entenderse claramente. La manutención del sagrado suelo y sus atributos turísticos inagotables deberán ser impulsados como la principal fuente de ingreso nacional mientras se resuelve el dilema de la industrialización nacional de los recursos naturales agotables. El gobierno deberá estar conformado por un equipo de hombres y mujeres hábiles y profesionales de los sectores técnico-científico-industria-financieros que impulsen la industrialización nacional y las exportaciones. En este contexto, se tendrá que preparar a los hombres y mujeres del futuro que prueben su dinámica e ingenio. No hay mejor escuela de temple político y gerencial que la que nos guía adelante contra todo tipo de obstáculos, y que enseña a resolver grandes problemas con sustantivos y sólidos resultados; y no con el mandato político que es fácil de abusar y que termina promoviendo a los caracteres débiles y corruptibles de nuestra sociedad.  

Si votamos por un liderato de este tipo la voz que se desprende de la silenciosa mayoría se oirá por fin: la voz de las víctimas de centenarios crímenes sociales, de los marginados de la educación y la nutrición, de los perjudicados por los impuestos arbitrarios, de aquellos que día a día se las baten con los dilemas verídicos de la vida, el sustento familiar y las aspiraciones a mejor vida en un país al que todos miremos por igual en incondicional respeto y amor.  

Jaime Otero-Zuazo

http://bolivia.indymedia.org/es/2005/06/19966.shtml

http://bolivia.indymedia.org/en/indigenas_y_campesin/archive.shtml