Sin esquivar el contexto histórico de la legitimidad del poder político nacional del movimiento social de 2005 en Bolivia, podemos recordar que todos los cambios de poder político institucional en Bolivia, como en otras naciones, fueron consecuencia directa de movimientos populares.

La función política del estado actual en Bolivia se manifiesta inconsecuente e irrelevante, en sus tres ramas orgánicas, como causa de los movimientos sociales que diluyeron el modelo democrático institucional exclusivista. El movimiento social se constituye, entonces,  en un implícito poder político y económico con facultades de decisión nacional. El movimiento social  actual, al margen del colapsado sistema político tradicional, emerge como una reforma política instituida y encaminada hacia la legitimación electoral. La erupción del movimiento social como poder nacional facultado de decisión política se diferencia de otros movimientos populares, como en Ecuador, por la capacidad promulgadora de políticas a nivel nacional, como ser la nacionalización de los hidrocarburos y la refundación constitucional de la nación bajo una Asamblea Constituyente. El aumento de la responsabilidad estatal se enfrenta abiertamente con todas las reformas estructurales colapsadas. Esta transformación de la realidad boliviana no es un tema jurídico o judicial, sino estrictamente político. Es, por lo tanto un error entorpecer los debates con glosas legalistas, como las que usó la vieja oligarquía frente al movimiento social de 1952. La perentoria necesidad de consolidar una reforma política, no deja espacio para posicionar otros temas que los presentados por el movimiento social revolucionario. En efecto, se prosigue con una reforma política sin parlamento y se imponen los parámetros de acción política nacional sin un ejecutivo. Por esto no cabe más poder transitorio que el del presidente de la Corte Suprema de Justicia. Además, la ausencia del componente militar en las marchas sociales demuestra la legitimidad histórica del movimiento social encaminada a la refundación de Bolivia.

El estado boliviano colapsado vio su origen en el estado europeo, cuya estrategia fue siempre la despolitización de los conflictos y la neutralización de los conflictivos. Esta última consideración provee una visión estrecha de la condición humana social. Hoy, en Bolivia, la democracia es reinstituida bajo el estandarte de la liberación de las mayorías nacionales. El contexto político ha variado por completo y las dimensiones se rigen estrictamente en miras a los intereses del pueblo mayoritario. Desde este punto de vista surge la deslegitimación del status quo político que pasa a convertirse en oposición a los designios populares.  

El capital político de los partidos tradicionales se torna inexistente ante la explosión social consagrada por la gravedad histórica. Ya no se trata de demandas sectoriales presentadas dentro de un modelo de democracia institucional exclusivista; al contrario, son criterios políticos de acción nacional manifestados como una nueva política de estado. El movimiento social boliviano actual se constituye en legítimo protagonista del poder político en Bolivia. Los aparatos de inteligencia y policía nacionales son los últimos reductos de dominio y afianzamiento político del caduco y colapsado status quo. El agotamiento total de espacio de decisión y la imposibilidad de ejercer la continuidad del poder, han desmoronado el estado boliviano exclusivista.  

La otrora neutralización política de los movimientos sociales por el estado boliviano exclusivista decae precipitadamente en un torbellino de autodestrucción política, iniciada por la profesión mesista “antipolítica” convertida rápidamente en “antipoder” a riesgo de la soberanía nacional, y también por la intransigencia, miopía y pequeñez parlamentarias. La desarticulación política del estado boliviano, fundió y confundió el apoyo a la democracia institucional excluyente: para mal de pocos y para bien de las mayorías nacionales. Los renuentes gritos de las fuerzas (o debilidades) políticas tradicionales que pretenden afianzarse al poder dan en un saco sin fondo de apoyo, dentro y fuera del país, dado el colapso de la legitimidad del sistema político. Los esfuerzos masivos de reivindicación del movimiento social actual traen como consecuencia la legitimación de un sistema político reformado, en el que poco terciarán los partidos tradicionales “revolucionarios”, “nacionalistas”, “izquierdistas”, “democráticos”, “libres”, o “nuevos”. La pervivencia política de estos partidos ha sido neutralizada por el peso de la historia. Su existencia está ligada a la legitimidad de la política reformada como producto de la lucha del pueblo, al servicio del pueblo.  

El contraproducente movimiento de “reconfiguración oligarca”, impulsado por círculos de poder económico nacional e internacional en territorio boliviano- y no por una región geográfica determinanda como erróneamente se plantea en desmedro de la unidad y la soberanía nacionales-, contribuyó en gran parte a la erosión de la institucionalidad del estado bajo el disfraz de  “regionalismo desmembrista”. La “reconfiguración oligarca” consumió a los gobiernos de los pasados 52 años en Bolivia. Hoy se inicia el proceso  de “reconfiguración social” y reforma política bajo la guía de los preceptos  mayoritarios. El poder político del pueblo, instituido gracias a la iluminada estrategia política del pueblo y su valiente lucha, se ubica al frente de la recomposición social incluyente que se avecina.  

La caída del estado político oligarca excluyente nos recuerda el desmoronamiento de los estados comunistas de Europa Oriental al fin de la guerra fría: por esto el mundo observa vehemente el advenimiento de una nueva Bolivia justa  e incluyente, y no tienen mucha lástima ni entiende las lágrimas presidenciales ni oligarcas. El nuevo poder de las mayorías nacionales reformará la política nacional, reconfigurará el proceso social y se legitimará en las próximas elecciones, para luego institucionalizar el estado del pueblo mayoritario incluyente.  

Jaime Otero-Zuazo

http://www.bolivia.indymedia.org/en/2005/06/19406.shtml

http://www.bolivia.indymedia.org/en/indigenas_y_campesin/archive101.shtml