El ejército se constituye en un factor de estabilidad importante en los meses conducentes a las próximas elecciones generales. A pesar de la madurez institucional demostrada hasta el momento, al contrario de octubre de 2003, es necesario profundizar el factor militar en la ecuación histórica crítica que nos toca vivir.

EL PROBLEMA: La Capacidad de barbarie y crueldad en las unidades del ejército basadas en la contradicción entre los valores unitarios de escuadrón o pelotón y los altos valores de la institución militar y de la nación. En el pasado se ha evidenciado una trágica corrupción de valores en el alto mando por culpa de la intromisión política y delincuencial.

LA SOLUCIÓN: El adiestramiento continuo y sistemático de las unidades recalcando los valores del ejército y la nación correctamente entendidos.

La probabilidad de repetir las masacres que mancharon de sangre la historia del pueblo boliviano se manifiestan vigentes dada la confusión de lealtad hacia una nación en proceso de formación. En este caso los daños pueden ser de mayor escala. Las entidades civiles encargadas de la defensa nacional, como los ministerios de Defensa y del Interior, son empíricos estrategas que una y otra vez han demostrado su incapacidad de liderato y su falta de conocimiento del procedimiento militar.  

Poniendo de lado la costumbre troglodita y bárbara de usar al ejército para sofocar problemas de índole estrictamente civil e internos, concentrémonos en cambio en la psicología, disciplina, responsabilidad, ética y moral del comando de la unidad militar. La evasión de responsabilidad de la muerte del minero Coro es una mala señal que el presidente debe corregir inmediatamente. El vacío de autoridad moral en la sociedad y el gobierno, cohíben a las autoridades militares que deciden refugiarse en la trinchera del deshonor.  

La psicología negativa de las autoridades civiles y militares ha confundido al elemento militar unitario repetidamente. Pero un  acto de barbarie no puede nunca justificarse en términos morales o jurídicos. La historia nacional está plagada de ejemplos de irracionalidad y violencia, pero no permitamos que se tache al boliviano de bárbaro, además de ignorante.  

Es evidente que las masacres han sucedido en muchas sociedades. El último Zar de Rusia cayó luego de teñir de sangre la nieve frente a su palacio. Durante la Guerra de Viet Nam, la compañía “Charlie”, parte de un batallón de infantería del ejército estadounidense, masacró mujeres y niños en el pueblo de May Lai. En todos los ejércitos profesionales del mundo, el recluta es indoctrinado en los Valores del Ejército durante el adiestramiento básico para promover creencias, actitudes y normas positivas en la unidad. Estos valores reflejan los valores del mando militar al igual que los de la nación. En Bolivia, la lealtad se confunde por la falta de definición real de lo que conforma esta nación. En esta primera etapa de entrenamiento militar, los psicólogos están de acuerdo que se establece un dilema entre los valores instruidos y los previamente adquiridos por los soldados. Muchas veces en la unidad se imponen valores de individuos negativos, otras veces la autoridad mayor es la que influye con negatividad. Si los valores son socialmente positivos no habrá conflictos funcionales en la unidad. Pero cuando una unidad comparte valores prejuiciosos como el racismo, el partidismo u otras deficiencias sociales, entonces se inicia el potencial del barbarismo.  

Eventualmente, este comportamiento negativo contaminará otras unidades, pelotones y batallones si los líderes son débiles o comparten la negatividad. La 2da Guerra Mundial nos mostró enormes barbaries, precisamente por la falta de primacía positiva en los valores individuales y organizativos. Los manuales de campaña promueven la conducta ideal de un soldado durante conflictos, pero la realidad es más compleja. Por un lado las unidades tratan de evadir enfrentamientos bajo una actitud de “vivir y dejar vivir”. Por otro lado, muchas unidades no tienen remordimientos en perpetrar actos ilegales e inhumanos como la mutilación, la tortura y el asesinato.  

En el reconocimiento y entendimiento de actos de genocidio por partes de unidades del ejército, hay que evitar las típicas conclusiones que se han probado erradas en casi todos los estudios clínicos y sociales sobre el tema. Primero, el pensar que el grado de educación del soldado tiene que ver con el nivel de su crueldad en combate: hemos visto brutalidades en los ejércitos más educados del mundo, como el alemán durante la 2da guerra Mundial. Otro error es el de considerar que es la culpa de uno o dos individuos fanáticos. Esta observación ha sido desvirtuada por la evidencia histórica. De acuerdo a Henderson, “la conducta de la pequeña unidad ya sea de acuerdo o no con el punto de vista de la organización, es el resultado de las normas formadas por la interacción con el grupo primario.” Lo que se traduce en la tendencia del alto mando a no castigar o a ignorar actos ilegales. Finalmente, una falta de entendimiento del proceso militar puede llevar a la equivocada conclusión de que la unidad involucrada es singularmente defectuosa.  

El concepto de la “influencia negativa de la cohesión” es precisamente el que aclara cómo los  valores negativos de un pelotón o escuadrón pueden reemplazar los Valores del Ejército en situaciones de combate. A pesar de que el adiestramiento de tropas tiene el propósito de promover la cohesión entre los soldados, es evidente que la enseñanza ética y moral, al igual que el liderazgo, son requisitos primordiales, sobretodo si se usa el ejército como guardia nacional ante conflictos sociales. En una compañía de infantería, por ejemplo, las reglas unitarias se convierten en lo más importante de la vida del soldado, incluso por sobre las leyes del país o la opinión ajena. Lo más importante para el soldado es lo que la unidad piense de él. El soldado puede creer como correcto lo que antes consideró incorrecto. Las definiciones pueden cambiar de sentido: la cobardía se convierte en astucia y prudencia, y se confunden a la brutalidad y crueldad con el heroísmo. Dado el ambiente de presión, el asesinar niños, mujeres o ancianos inermes e incluso desamparados se considera un simple error de táctica. En sociedades con altos valores, actitudes y creencias sociales, sólo la corrupción del núcleo básico puede explicar las atrocidades. Sin embargo, si la base de valores es adulterada desde arriba por consideraciones políticas, entonces se da el caso de la corrupción organizativa. En ambas situaciones, la responsabilidad de los actos ilegales de operación conjunta llega a la cúspide del mando político-militar. No hay excepciones.  

La cohesión, tan importante y valorada en combate, promueve valores unitarios a veces en contraposición con los del ejército y la nación. Solo un adiestramiento repetitivo puede reestablecer los Valores del Ejército que deben reflejar los valores nacionales, eliminando las tendencias unitarias negativas. La introducción de nuevos elementos y circunstancias debería ser la oportunidad para el readiestramiento. Lo mismo sucede cuando se remueve elementos importantes al nivel unitario. En el caso de Bolivia, la corrupción de la organización superior castrense en manos de la política de un gobierno ilegítimo, desvirtúan todos los esfuerzos que se pueden hacer para mantener la moral alta y el ejército limpio. Los valores, actitudes, creencias y normas del grupo unitario podrían cambiar después de un largo combate o un evento emocional significativo, como ser las manifestaciones sociales de carácter masivo, sobretodo cuando el presidente amonesta al ejército a cumplir órdenes, como lo hizo Sánchez de Losada con trágicas consecuencias en 2003. ¿Cuál es la justificación moral y legal de este acto? Si el Capitán General del ejército, el presidente, tiene valores negativos, diferentes a los de la nación en conjunto, entonces actúa como líder corrupto, que promueve tendencias negativas y antisociales en las unidades militares. Esto afecta el comportamiento unitario y su misión, y confunde la buena acción con la mala. El carácter distintivo del guerrero enunciado en los manuales militares queda desvirtuado por los líderes corruptos. Este proceso reclama el principio de responsabilidad del liderazgo organizativo.  

El peligro de depender del ejército para reprimir crisis sociales internas, es que el soldado llegará a deshumanizar al que considera su enemigo, facilitando las acciones ilegítimas de combate. Los soldados alemanes durante la 2da Guerra Mundial se enfermaban al masacrar judíos en masa. Luego de un período corto, se observó que se convertían en “eficientes maquinarias de asesinatos multitudinarios.”  

Muchos estrategas políticos consideran que el ejército puede ser utilizado para resguardar la seguridad política en instancias de debilidad gubernamental, por lo que no consideran práctico el adiestramiento dinámico y constante del soldado, que le continúe inculcando valores superiores y civilizados, porque terminaría rechazando las órdenes de represión social.  

El tema que tocamos es muy emocional para las FFAA de cualquier nación, especialmente cuando se evidencia la falta de importancia dada a los valores positivos de cohesión y a la aclaración del concepto de nación, resultando en operaciones obviamente ilegales. Muchas veces el gobierno, con mentalidad de pelotón corrupto, pervierte la organización castrense. El ejército de una nación libre e independiente, sobre todo en una democracia, debe ser una de las instituciones más íntegras y nobles. El soldado huérfano de liderazgo positivo actúa en tres formas: 1) de acuerdo al liderazgo del pelotón, 2) conforme el pelotón busque el  aprecio de niveles altos, o 3) buscará otras esferas externas de autoridad y liderazgo. Esta última opción es la que facilitó tanto golpe de estado en Bolivia.  

Citando las palabras de Toner: “Una buena ética debe ser enseñada por buenos líderes”, podemos partir del adiestramiento constante y el liderazgo motivador. Es importante inculcar valores positivos a través de la exaltación de un liderazgo positivo y honorífico. Los líderes unitarios que desechan la importancia de los valores positivos en la cohesión no dan suficiente mérito a sus unidades. Los líderes patrios que cometen la misma falta exponen al pueblo a la inseguridad y a la muerte.  

Jaime Otero-Zuazo

http://bolivia.indymedia.org/es/2005/06/20028.shtml