si alguien desea encontrar una solución “capitalista” y/o “socialista” al dilema boliviano de los hidrocarburos, que piense en la opción árabe: que el estado boliviano compre la posesión de las operaciones petrolíferas en su territorio.  

Los estados árabes eran débiles y pobres antes de los hallazgos de petróleo a partir de 1911. El Reino Unido (RU) y los Estados Unidos poseían el capital y la tecnología para explorar y administrar la producción del  petróleo en esta región. Primero fue en Irán donde la Compañía de Petróleo Anglo-Pérsica (APOC en sus siglas en inglés) se convirtió rápidamente en productora. Después de la 1ª. Guerra Mundial,  los ingleses encontraron “oro negro” en Iraq. En 1932 la Standard Oil de California (SOCAL) comenzó la producción de petróleo en Bahrayn. En 1933 SOCAL obtuvo concesiones en Arabia Saudí y empezó la producción comercial en 1938.  

En 1932 Irán dio el primer paso al control doméstico de los hidrocarburos bajo Reza Shah Pahlavi (el shah de Irán), quién revocó la concesión de APOC. El RU y los EEUU iniciaron entonces la búsqueda de concesiones a lo largo de la zona del Golfo Pérsico. A pesar de llegar a nuevos entendimientos con el shah, el RU procedió a adquirir concesiones en otras regiones árabes, gracias a los tratados que el RU había firmado con gobiernos del Golfo entre 1820 y 1920– que convenientemente restringían el acceso a otras naciones. Poco a poco se alzaron las naciones petroleras de Bahrayn, Iraq, Omán, Kwayt, Qatar y Abu Dabi entre 1932 y 1968.  

El escenario en Arabia a principios de los años 1970 fue parecido al de las concesiones de gas del primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia. Gracias a la inversión de grandes capitales, compañías extranjeras poseían y administraban la industria petrolífera del Golfo Pérsico bajo un sistema de subsidiarias con diferentes regiones y funciones bajo su control. Las subsidiarias pagaban a los gobernantes locales para explorar en su suelo y luego para exportar el crudo lejos de esas tierras. Al principio los países árabes no tenían el peso para negociar términos favorables; primero porque no se sabían las verdaderas reservas del subsuelo, luego por las necesidades de dinero a corto plazo, y por último por no tener otros medios de ingreso. En este caso Bolivia tiene la bendición de tener diversidad de recursos naturales a su alcance.  

Apenas se confirmaron las enormes reserves de petróleo, y ya habiéndose establecido los medios de producción adecuados, los árabes exigieron mejores términos. Llegaron a entender, para entonces, dos factores perentorios de negociación: que a las compañías no les interesa en el fondo la posesión del crudo sino la habilidad de realizar ganancias en la venta y distribución al mercado, y que las compañías montan sus inversiones con capitales diversos que pueden ser adquiridos en el mercado al igual que los hidrocarburos. Durante los años 1950, los gobernantes árabes rutinariamente exigían la mitad de las ganancias además de la regalías (más o menos como en Bolivia bajo la nueva Ley de Hidrocarburos de 2005). Una vez independientes del dominio inglés, los países árabes procedieron a comprar gran parte de las acciones de las empresas subsidiarias extranjeras que operaban dentro de sus respectivas fronteras. La demanda de enormes capitales de inversión, a veces por espacios extensos de tiempo, imposibilitan incluso a las más poderosas compañías a subvencionar con su propio capital todas las operaciones del mundo. Más bien, las compañías tienen subsidiarias creadas con una diversidad de capitales de respaldo, que las hacen mas fácil de ser adquiridas en el mercado de las acciones. Las empresas subsidiarias estarán lejos del alcance de bolsillo boliviano promedio, pero no de los ex-políticos bolivianos de enormes bolsillos. En Wall Street se venden acciones a viejecitas ricas de Tejas de igual manera que a políticos bolivianos. Pero si alguien desea encontrar una solución “capitalista” y/o “socialista” al dilema boliviano de los hidrocarburos, que piense en la opción árabe: que el estado boliviano compre la posesión de las operaciones petrolíferas en su territorio. Para Wall Street da lo mismo que compren acciones entidades de Manhattan, o de Mascate, o de Mizque.  

A fines de los años 1990 gran parte de las subsidiarias extranjeras en los países árabes tenían como dueños a los mismos estados árabes. Hoy, los árabes contratan la mejor tecnología y los mejores técnicos, y los más eficientes administradores del mundo, preparando constantemente a su gente para tomar cada vez mayor responsabilidad y recibir mayores ganancias, con la que los ciudadanos se bañan todos los días.  

Jaime Otero-Zuazo

http://www.bolpress.com/opinion.php?Cod=2005001476

http://bolivia.indymedia.org/es/2005/06/20352.shtml

http://espanol.groups.yahoo.com/group/tribuna_boliviana/