El gobierno de Washington está acostumbrado a catalogar sucintamente sus intereses en cada región y país. Las generalizaciones entran en la mesa de negociación como tales y deben responderse como tales- así dialoga la China, por ejemplo, con los EEUU. La resolución de temas estrechos, o el entendimiento de cómo resolverlos, es el inicio de la ampliación de las relaciones bilaterales con corolarios económicos y políticos.

 

La política externa de Bolivia hacia los EEUU, y otros países, se rige, teóricamente, bajo una cooperación bilateral donde ambos gobiernos velan por sus interese y donde se llega a un consenso equilibrado y justo principalmente de carácter económico y político. En la práctica, no obstante, el predominio de la política de estado de la nación más fuerte, y los intereses comerciales más influyentes, imponen el barómetro por el cual se miden estas relaciones, al punto de confundírselas en desentendimientos y acusaciones muchas veces impulsados por canales terciarios. En esta última instancia, no se debe despreciar la influencia de intelectuales y de medios de comunicación que aran su propio surco de influencia en las relaciones internacionales sobretodo de carácter bilateral. Como ejemplo consideremos el caso de una entrevista tomada fuera de contexto en varios órganos de la prensa americana tras las elecciones en Bolivia. El Washington Post, entre otros, informa que Evo Morales piensa convertirse en la “pesadilla de EEUU”. Esta noticia es una extrapolación fuera de contexto de una entrevista de Associated Press (AP) realizada con Morales antes de las elecciones nacionales y se manifiesta ajena a las intenciones del presidente electo, como lo manifestó en un emotivo discurso post-eleccionario. De la entrevista de Morales con la AP, se prosigue a construir la imagen sensacionalista de Morales, aún antes de que inicie sus funciones presidenciales el 22 de enero próximo. Lo que no se profundiza es el verdadero mensaje de Evo Morales: de abrir las puertas al diálogo y los compromisos justos.

 

Sabemos que existen innumerables entidades internacionales de ayuda, públicas y privadas, que desean a Bolivia lo mejor después de la gloriosa lucha de su pueblo indígena por afianzar sus derechos mayoritarios. También existen compromisos de apoyo de los organismos y gobiernos que responden a las necesidades básicas bolivianas- por lo menos en intención y papel. Pero, también se da el caso de la confusión, el malentendido y la desinformación propagados por intereses ajenos a las intenciones de Evo Morales, tanto en Bolivia, como, en este caso, en los EEUU. El diálogo directo es una avenida de comprensión sin intermediarios histriónicos. Bolivia debe claramente establecer su criterio y el orden jerárquico de sus intereses, disipándose así la confución  y sedimentándose los propósitos que se tienen en común. El gobierno de Washington está acostumbrado a catalogar sucintamente sus intereses en cada región y país. Las generalizaciones entran en la mesa de negociación como tales y deben responderse como tales- así dialoga la China, por ejemplo, con los EEUU. La resolución de temas estrechos, o el entendimiento de cómo resolverlos, es el inicio de la ampliación de las relaciones bilaterales con corolarios económicos y políticos.

 

Primero, debe establecerse claramente que no son los EEUU, o su gente, la causa de las discrepancias ideológicas entre estos países: es más bien la política económica externa establecida por países desarrollados como respuesta a sus propias necesidades de ajuste monetario y crecimiento económico, y cómo esto afecta adversamente a los no desarrollados como Bolivia. Por encontrarse ambos en planos diferentes de tiempo y espacio financiero y económico, es entendible que los intereses de uno, generalmente el más desarrollado, afecten negativamente al otro, o el menos desarrollado. Es por esto que el diálogo debe dirigirse a la aclaración de los intereses prioritarios entre estos países. Bolivia, en el inicio de una nueva política internacional, debe evitar la triangulación en sus relaciones con EEUU, ya sea a través de su imagen con relación a Brasil, o Venezuela, o España, o cualquier otro marco de referencia que no sea el propio. En este contexto, toca advertir que el desarrollo cultural que se anuncia y espera en Bolivia debe convertirse en un vital instrumento de negociación externa. Bolivia debe promover el valor profundo que el afianzamiento cultural significa para su estabilidad nacional. Y debe, más aún, aclarar al mundo que las peculiaridades de este proceso nacen de su pueblo y su historia, para beneficio de la humanidad, y no simplemente de la amistad del presidente electo con Castro, Chávez o Rodríguez Zapatero. En todo sentido, conviene a los países socios de Bolivia que esta nación se estabilice de acuerdo a la atención de sus necesidades sociales, y no tan sólo por la capacidad de sus recursos naturales de generar riqueza. El más importante e inmediato afianzamiento en la nueva Bolivia es la Asamblea Constituyente que se llevará a cabo durante el año 2006, cuando el pueblo boliviano, a través de un proceso democrático resultante de las movilizaciones sociales y el último plebiscito electoral, marque el origen de una nueva era en la historia de Bolivia iniciada por bolivianos y para bolivianos.

[ARRIBA]

Jaime Otero-Zuazo

http://216.239.51.104/search?q=cache:72ViP1yfUp0J:www.khantati.com/index.html+jaime+otero-zuazo&hl=es&gl=us&ct=clnk&cd=46

http://onlinecarolonline.blogspot.com/2005/12/evo-morales-pretende-transformar-una.html