Para ser buenos guerreros de la libertad, despertémonos de nuestro estupor cibernético, intelectual y casero plagado de engreimientos y vicios, para abogar por la humanidad, sobretodo por los vilipendiados: los niños, los viejos y los incapacitados. No se trata de limpiar la pobreza que “mal adorna” nuestra tierra con mangueras de presión fácil e hipócrita: se trata de encarar nuestra responsabilidad de hombres y mujeres sanos, pudientes y hábiles en el acometimiento de la lucha por la libertad y la soberanía de la nación boliviana.

  En primer plano, debemos ser consecuentes con nuestra responsabilidad hacia los demás tanto como nosotros mismos. Debemos abandonar el espejo ególatra en el que enviciamos nuestro espíritu y nuestra conciencia, anulando el respeto propio, y  alimentando la  condición de parásitos que tienden a la mínima expresión del insulto gratuito.

  Cuando nos enfrascamos en camorra divisionista, mostramos lo débiles que podemos ser, y no el temple con el cual podemos forjar el modelo de progreso humano necesario para enfrentar el futuro nacional. Cuando usamos la vía de Internet u otro recurso mediático para emitir nuestra opinión, sedemos y nos amansamos a un delirio vicioso y grosero producido por la falta de expresión inteligente y compasiva. Pero, principalmente, nos olvidamos de que estamos usando la herramienta de la opinión con complacencia comodona, cuando la gran mayoría del país no dispone de los medios de expresar su descontento con las migajas de cada día, el desempleo, las enfermedades, y el analfabetismo. Asumamos, más bien, con coraje de guerreros de vanguardia, la valentía de hombres y mujeres que luchan por los hermanos y hermanas que no se pueden levantar y que están postrados en la impotencia de una realidad impuesta a látigo y explotación de siglos.

  No se trata de políticas de izquierda o de derecha, sino de mirar de frente hacia donde se encamina el pueblo en son reivindicativo con confianza y valor, aún arriesgándolo todo. ¿Quién de verdad cree que hemos nacido para quedarnos rezagados a ser pulgas de queja e insulto fácil, pero inconsecuente, precisamente en el momento crítico de la historia que nos ha tocado vivir? ¿Quién se imagina honestamente que lo que leemos o escuchamos en los escasos foros nacionales es la mejor expresión boliviana de patriotismo y deseo de levantarse e iniciar una tarea fructífera, despertándonos de la impotencia psicológicamente endémica que nos sofoca? Algunos habrán que sí quedarán aislados en el hemisferio del absurdo y de la nada. Pero siempre se levanta la mayoría silenciosa y humilde que siente los principios morales y humanos como fuente y fin de la existencia humana. Despertemos de una vez a un mejor “yo” para saludarnos unos a otros con valiente espíritu de combate sano y emprendedor.  Encaminémonos al futuro con el canto patriótico: ¡morir antes que esclavos de la miseria, la desidia y el egoísmo vivir! No podemos darnos el lujo de despreciar con tanta facilidad la realidad que no queremos enfrentar: ¡luchemos por cambiarla! [ARRIBA]

 Jaime Otero-Zuazo