Las noticias esporádicas sobre Bolivia, desde la muerte de Ernesto ‘Ché’ Guevara en 1967, muestran una nación pobre, enferma, e ignorante, con un pasado de repetidos ‘coups’ militares, narcotráfico endémico, y con un gobierno “democrático” compuesto de una pequeña élite educada tratando de mejorar la vida del resto analfabeto y arisco. Esta imagen fue promovida, principalmente, por los “representantes-intérpretes” de la realidad boliviana: la izquierda ‘Dom Pérignon’ oenegénica y segmentarista, y los sicarios de la oligarquía que nunca tuvieron interés personal en cambiar el ‘status quo’- como sucedió en la Nicaragua de los Somozas, o en el ‘antebellum’ estadounidense. Este matrimonio burgués-intelectual, hoy en vías de ser desplazado por el pueblo y el Estado, fue el que perpetuó la injusta imagen y la cruel realidad boliviana desde el advenimiento de la seudodemocracia en 1985.

  En un proceso de desinformación sin sentido económico, político o práctico- fuera del complejo racista o del fraude- la imagen de Bolivia y de los bolivianos que se alimentó en el extranjero surgió primordialmente a través de la prensa y la diplomacia nacionales. Por ejemplo, las masivas marchas no-violentas de 2003 y 2005 que demandaron justicia social y soberanía nacional, y que tuvieron su inicio en  la protesta social de las mujeres airadas por la descomposición familiar y la pobreza endémica, y que poco a poco fue cobrando mayor impulso ante la indiferencia, el despotismo y la represión de gobiernos estáticos y corruptos, se las pintó fuera de Bolivia como “violencia organizada” y a sus líderes como “terroristas y narcotraficantes”- sobretodo aprovechando las susceptibilidades estacionales de otros gobiernos.

  Todavía quedarán algunos confundidos y embriagados con el “discreto encanto de la burguesía”, el racismo y la miopía social, que continuarán repitiéndose, cada vez con menos fuerza, que  “la gente en Bolivia no quiere mejorar”, pero no lidiaremos aquí con el analfabetismo moral o las enfermedades del alma que tienden a hundirse a si mismos. La televisión, las radio-noticias, los diarios y revistas semanales, las publicaciones académicas y profesionales, además de la ciber-información exclusiva y pública, todos concurren en un mensaje o idea de lo que Bolivia es, y qué de apreciable puede ofrecer al mundo. Lo que antes se estereotipaba fácilmente, gracias a las interpretaciones histriónicas de medio-bolivianos y observadores circunstanciales del extranjero; hoy, al quitársele la máscara al diablo, produce contradicciones que confunden y fascinan a analistas sofisticados y a un público extranjero mejor informado. El mundo occidental se amplía hacia el Oriente Medio y sus culturas, al igual que al coloso chino y su resurgimiento; así también nace el apetito de información ostensible sobre Bolivia y Latino América. Como acápite, anotemos que la labor más fructífera en el extranjero, en preparar el camino a la verdadera imagen de Bolivia, no fue la de las misiones diplomáticas sino la de los bolivianos en el exterior que han exportado la cultura nacional sin miedo y con orgullo por todos los rincones del planeta, logrando admiración y respeto en sus afanes culturales y su disciplina de trabajo y esfuerzo. Estos son los mismos individuos que envían remesas a sus familiares que superan los ingresos provenientes de los hidrocarburos.

   Bolivia es un país en vías de desarrollo y de definición. El afianzamiento de nuestra soberanía nacional depende en gran parte de nuestra imagen dentro y fuera del país. Para éste fin, nuestra rica cultura es un factor crucial de exportación para enriquecimiento y orgullo nacional  y beneficio y apreciación mundial. Nunca antes se había visto tanto interés y admiración por los acontecimientos en Bolivia, ni se había observado tan diferentes perspectivas sobre su realidad. No obstante, poco a poco se filtran los datos y se refina la percepción sana y honesta proveniente del pueblo mismo, no sin poca influencia del mejor representante en este empeño: Evo Morales Aima, que no sólo es el primer presidente indígena de un país netamente indígena; pero que ha asentado a Bolivia, por si fuera poco, como país líder de más de 300 millones de indígenas alrededor del mundo. Esto es lo que se perfila como el interés principal en otras tierras y a lo que debemos responder de pié y con firmeza. Los caminos que se nos abren solo tienen límites en la imaginación. De una imagen de pordioseros amedrentados ante el Occidente y su poder, se nos da la oportunidad de poder emerger como uno de los pueblos que dictaminarán el futuro del planeta tierra. De ser atrasados, ahora somos vanguardistas. De mostrar riquezas a ser explotadas sin bien nacional, revelamos una Bolivia de hermosa naturaleza y paisajes a disfrutarse sin fin. Todo esto lo realizamos con el corazón abierto y con la piel de bronce al sol. [ARRIBA]  

Jaime Otero-Zuazo