Por fin se estrenó en Washington la película “Our Brand is Crisis” (Nuestra marca es la crisis). Esta frase fue acuñada por el equipo de asesores de Greenberg, Carville & Shrum (GCS), contratados por Gonzalo Sánchez de Lozada (alias Goni), como bandera de guerra eleccionaria junto al eslogan “sí se puede” durante la campaña del MNR en 2002. Luego de haberse transmitido a través del canal de televisión HBO vía satélite (excepto en Bolivia precisamente durante las elecciones nacionales de 2005) esta documental de la directora Rachel Boynton fue lanzada como película en los EEUU en marzo de 2006, habiendo ganado un par de galardones como documental, y sin mucha concurrencia lo cual podría acortar su exhibición en este país.  

   Lo singular de esta película, resultado del acceso casi ilimitado que se concedió a Boynton  para seguir a Goni y sus asesores de GCS con fines propagandísticos, es la intensidad de emociones que despierta en el público, sobretodo boliviano. En lo que sí concuerdan casi todos es en el humor sórdido que despierta la figura bufonesca de Goni; al igual que su arrogancia inmerecida y vulgar, y su reacción alérgica a la “mixtura” y al “pueblo” boliviano al que irónicamente quiere “socorrer”. Muchos además coinciden en que el grupo asesor GCS se demuestra fuera de lugar e incluso extraterrestre cuando trata de implantar tácticas eleccionarias de Washington en Bolivia (como el espionaje de ciudadanos a través de espejos). Por último, muchos admiten que la representación que se hace de Bolivia, que incluye a Evo Morales Ayma y Manfred Reyes Villa, es de un país caótico, intolerante, corrupto y violento. Es precisamente esta última opinión, de acuerdo a los abogados de Goni en los EEUU, la que más peso tiene, fuera del asunto de su verdadera nacionalidad, en la racionalidad de no permitirse la extradición de Goni a Bolivia.

  El tema de Goni está trillado; él es un personaje de negocios que tristemente llegó al poder, y en cuyo rededor aglomeró a los más débiles, manipulables y corruptibles caracteres de todo una generación  de tecnócratas que conformaron gobiernos cleptócratas “nouveau riche” de ridículas ínfulas aristocráticas y racistas. Lo de Goni terminará en la cárcel o en el desprecio histórico.

  El asunto de la intromisión y violación foránea de la democracia boliviana debe observarse como un abrir de puertas descarado de parte de los actores políticos bolivianos y sus organizaciones. El MNR asintió a esa intromisión, lo mismo que el entonces candidato vicepresidencial Mesa, que en la película no puede aguantar su apetito de poder y su aquiescencia a las tácticas perversas de GCS que usaron a los bolivianos como conejillos de India y desperdiciables víctimas del fraude electoral.

  El fraude e inmoralidad con que se tejió la conducta electoral del MNR en 2002 no tiene excusa. El resultado de esta debacle política la conocemos todos. El pueblo boliviano, que de acuerdo a Goni no tiene suficiente sofisticación (”la opinión del pueblo es como usar un cuchillo para hacer cirugía”- nos dice en la película), decidió expulsarlo a él y a su séquito a la ignominia. El pueblo boliviano, pese a toda la “sofisticación” contratada en su contra, empezó con  sencillas pero firmes y justas protestas de mujeres, con la marcha nacional de la constituyente, y finalmente con las movilizaciones sociales multitudinarias contra la falta de legitimidad gubernamental y todo lo anquilosado y podrido en la política boliviana tradicional. La respuesta del pueblo todo, desde los llanos hasta la altiplanicie, de norte a sur, culminó en el destronar de la corrupción y el abuso. El pueblo boliviano se une cada vez más frente a los últimos bramidos de los cínicos e ignorantes hijos de bufón, que tratan de aferrarse a un sistema antisocial, antidemocrático y antihumano, tan solo para justificar el usufructo de sus bolsillos y el continuismo de una moda de robo, maltrato y espionaje.

 Jaime Otero-Zuazo