Si la oposición política en Bolivia pretende secuestrar la Asamblea Constituyente tan descaradamente, ¿cuánto más deberían los constituyentes mayoritarios imponer con su fuerza moral ante las demandas egoístas de esta oposición? Después de todo, muchas de las caras que se ven en los comités y sesiones constituyentes fueron partícipes de gobiernos cleptócratas que otrora esclavizaron, repudiaron, explotaron y asesinaron bolivianos, sobretodo indígenas. La intervención opositora mencionada, tiene la visión absolutista, formalista y solapada de una élite minúscula opuesta no sólo política, sino también económica, social y culturalmente a las reformas demandadas y votadas por los bolivianos en 2005. Esto nos demuestra claramente la falta de disposición íntegra de la oposición a la refundación de la república, que es la razón y origen fundamental de la Asamblea. 

  La historia boliviana recordará la testarudez opositora como el símbolo de la irracionalidad política de una oligarquía agonizante, y sus adeptos pasajeros, que pretendieron usar excusa legalistas, como el tema de la capitalidad, para tratar de afianzarse a los reductos de una sociedad corrupta subvencionada centenariamente por el trabajo de un pueblo forzado a la pobreza y al olvido.

Con el tipo de mentalidad presente de la oposición boliviana, muchos países no hubieran salido del período colonial, pero sí hubieran probado su incapacidad y falta de madurez para proseguir con tan formidable paso. Los asambleístas de Sucre, sobre los que recae toda la responsabilidad y peso del proceso constituyente, representan todos los sectores y regiones del país, pero primordialmente al sector mayoritario que es el más pobre, más necesitado, más abandonado y más enfermo del país. Si los pobres pretenden velar por sus intereses, todos los demás, en vez de resentirlos, debemos apoyarlos si pretendemos crear una nación justa, libre e independiente, con el mínimo de aspiración al modernismo y al progreso. La verdadera inconformidad y protesta social debe ser siempre contra la injusticia y la opresión del ser humano más necesitado- que es precisamente la razón por la que la mayoría marginada se levantó y encaró al monstruo del pasado durante la revolución social de 2005-, y no la defensa utilitaria de las complacencias mal adquiridas a las que algunos están acostumbrados. La causa primaria de los asambleístas debe ser, por lo tanto, la protección, a través de la Constitución, de todos los que no se pueden proteger a sí mismos, a sus familias, y a la patria milenaria.

Los cuadros de oposición política actual en Bolivia dieron rotundamente la espalda al pueblo cuando ejercieron el poder político por décadas. Hoy en día, los seudo-opositores al gobierno muestran todavía su indiferencia pancista hacia los intereses mayoritarios, cuando exigen- desde la primera hora del gobierno del presidente Evo Morales- que se garanticen sus  privilegios e intereses, ganados a costa de la vida y el pan del resto de los bolivianos. Cualquier pestañar del gobierno es alertado por la prensa sumisa como una muestra más de incapacidad, donde no se evidencia tregua ni vocación patriótica alguna. Pero no pasará mucho tiempo antes de que los seudo-políticos y sus cándidos seguidores empiecen a recularse avergonzados ante la voz moral de la mayoría nacional, la investigación de fortunas y el consecuente castigo que caerá como una guillotina sobre sus cabezas. Hoy ya se ve cómo algunos políticos conscientes de la oposición empiezan a verter su alma a la patria y proceden con convicción patriótica.

La culminación de la codicia ciega de la oposición radical, se inició a tropezones en su mal cálculo político de abandonar el senado nacional y rehusar el deber parlamentario, justo cuando se debía votar la reversión de enormes cantidades de tierras en el oriente boliviano, adquiridas fraudulenta e inconstitucionalmente, durante los gobiernos oligarcas anteriores. El símbolo ególatra del pensamiento que consume a estos antipolíticos, fue gratuitamente ofrecida hace un año por el jefe de la bancada opositora en el senado que, de espaldas a la estatua de Murillo, a la catedral y a los ciudadanos congregados, emprendió con diabólicos gestos obscenos, que fueron transmitidos al país y al mundo como señal clara de la vulgaridad prepotente y amedrentadora de antaño, que no pocas veces terminaba con masacres obrero-campesinas. ¡Qué vergüenza, que a estas alturas, la falsa izquierda “Dom Pérignon” en su desubicación política se alíe a esta farsa de oligarcas racistas, pataleantes y chupa-medias!

Hoy se confirma el declive del poder y la organización de la oposición radical, acostumbrada a acaparar el poder político y entregar en retorno privilegios para pocos, pero indiferencia y agresión para la mayoría pobre de indios y mestizos. Hoy la oposición desequilibrada se parapeta en un regionalismo artificial, donde exalta los provincialismos de algunos mal informados que no saben cómo construir, ni siquiera ejercer, sus derechos autonómicos, justa y honorablemente obtenidos por luchadores de a pié. Si tan solo la prensa tradicional informara que las gestiones económicas y políticas del presidente Morales, y su honestidad en el manejo público, garantizarán por fin los presupuestos necesarios para ejercer esa autonomía, tan bien ganada por los trabajadores del campo y de la ciudad, y no por los terratenientes corruptos y los monopolistas usurpadores. La media luna deberá ser ofuscada por el radiante sol de la bolivianidad plena.

 La incursión hacia el oriente boliviano, principalmente desde 1952, con enormes olas migratorias desde otras regiones del país, conformaron una de las áreas más productivas de la nación, y de la que debemos sentirnos orgullosos en sus triunfos. ¿Porqué embarrar este dinamismo económico con la estúpida defensa de tres o cuatro parásitos que producen solo alza de precios y ofuscan la competitividad, cuando el milagro productivo proviene del sudor y el consumo de miles que trabajan sin ventaja ni privilegio alguno? ¿Porqué prestar atención a líderes departamentales desconectados que van quedándose cada vez más rezagados en relación a los cambios inevitables de una Bolivia que aspira a la modernidad , al control de sus recursos, y a la ampliación de oportunidades económicas para mayor cantidad de trabajadores de los centros rurales y urbanos? ¿Por qué ese odio desmedido que enclaustra y revive tiempos coloniales y latifundistas, cuando el mundo entero se admira por el resurgimiento de una Bolivia fuerte y dispuesta a participar en el concurso de las naciones progresistas y democráticas del planeta? ¿Porqué aspirar a una Bolivia conocida por los problemas de estancamiento social, pobreza, narcotráfico y corrupción, cuando hoy empieza a apreciarse una versión nueva de una Bolivia que lucha por salir de la mendicidad, el atraso, la discriminación y el racismo, y que busca la dignidad para todos sus ciudadanos, encaminados al reencuentro con su glorioso destino?

 Mucho de la oposición es simplemente una criminalidad disfrazada de tonos políticos para evitar, en lo básico, las investigaciones de fortunas mal habidas. Generalmente esta seudo-oposición se refugia en tendencias de ultra derecha o falsa izquierda, donde se atrincheran sin intención de resolver asunto alguno que no sea el que perjudique sus bolsillos. Además, la seudo-oposición antidemocrática utiliza canales mediáticos igualmente intransigentes, con la intención, casi al desnudo, de desestabilizar y provocar situaciones que eviten la lucha contra la corrupción y la refundación de la república.

La oposición política genuinamente democrática generalmente se identifica porque a veces tiene la razón otras no, pero que primordialmente se entrega al proceso de concertación y diálogo como camino a resolver los problemas patrios, sin ultimátum, insultos racistas, ni amenazas torpes.

 La gran marcha nacional de los movimientos sociales bolivianos, al par de la tradición más noble de la historia mundial, fueron la razón y causa del advenimiento de la  democracia participativa y la causa de la refundación de la república a través de la Asamblea Constituyente. La oposición nunca estuvo de acuerdo con esta constituyente porque amenaza el legado mórbido de la primera república de la que siempre serán miembros acreditados. La revolución social y democrática de 2005 pudo muy bien haber sido violenta y fulminante, pero la sabiduría andina optó por la vía democrática y no-violenta. En esta instancia, la oposición no tiene argumento moral válido contra el proceso revolucionario y justiciero de  la Asamblea Constituyente. Tampoco tiene excusa por el allanamiento del senado nacional o las manifestaciones de circo. Pero la nación boliviana sí tiene el derecho de pedir a estos antipolíticos y oligarcas auto-coronados que no alcen el nombre de sus departamentos y de los bolivianos en vano, sin antes haber contribuido un mínimo de patriotismo y honestidad durante el proceso constituyente.

Jaime Otero-Zuazo